Lo
primero que hay que saber es que un globo no puede
dirigirse, vuela a merced del viento, dentro de
él. A pesar de ello los pilotos pueden
jugar con las corrientes para buscar aquellas
cuya dirección es más conveniente.
Para sobrevolar lugares concretos se selecciona
el lugar de despegue en función del viento
dominante ese día. Despegando todos los
días desde el mismo lugar se disfrutará
en cada ocasión de un vuelo diferente.
Los que aquí detallamos son algunos de
los lugares de vuelo más habituales, describiendo
un vuelo característico, que por las particularidades
de los paseos en globo es muy difícil que
se repita con exactitud, pero que si puede dar
una idea de las sensaciones y vistas que se disfrutan
a bordo de un globo aerostático.
Descubre
un mundo nuevo en el mundo de cada día. La diferencia
estriba en la perspectiva. Descubre una nueva forma de
viajar y de ver, de experimentar los lugares que ya conocías.
Desde un globo aerostático el paisaje llena los
sentidos, una absoluta sensación de tranquilidad
inunda al viajero y la aventura está asegurada,
pues los globos no pueden dirigirse. Es decir, que despegando
todos los fines de semana del mismo sitio puede que no
aterrices nunca en el mismo lugar.
El despegue es muy suave, no da nada de miedo, incluso
personas con mucho vértigo pueden disfrutar plenamente
de la experiencia. Apenas te das cuenta de que se ha iniciado
el vuelo. A veces te rodean otros globos mientras amanece
sobre Segovia, el espectáculo es increíble.
La catedral de Segovia esta ahí mismo, casi parece
que puedes tocar su parte más alta. Desde el aire
el Acueducto adquiere nuevas proporciones. El Alcazar
parece un castillo de cuento y la porpia ciudad de Segovia
es un espectáculo inolvidable si se aprecia desde
la tranquilidad del balcón que supone la barquilla
de un globo aerostático. El vuelo continúa
por los alrededores de Segovia, y puede observarse mucha
fauna, como zorros o corzos, pero sobre todo aves: buitres
leonados, cernícalos, ratoneros, milanos y con
suerte algún águila real o algún
halcón peregrino.
El aterrizaje es uno de los momentos más divertidos
y emocionantes. El vuelo de aproximación permite
disfrutar del paisaje con los ojos de un pájaro.
Pero incluso tras el aterrizaje la experiencia no ha terminado,
volar en globo es mucho más que un simple vuelo,
alrededor hay una tradición que se repite allí
donde vueles, en cualquier lugar del mundo. Tras el vuelo
se recoge el globo y luego todos los pasajeros y la tripulación
disfrutan de una copa de cava. Allí, en mitad del
campo, con Segovia al fondo iluminada por el sol, y el
cava frío, parece estar viviendo un sueño.
Además cada pasajero recibe un diploma de bautismo
aéreo.
QUE
VER: Los mismo monumentos que hacen de Segovia
un destino imprescindible y que ya hemos visto
desde el aire, requieren ahora una visita desde
tierra. Cerca de Segovia tenemos también
el Palacio de Riofrío, La Granja...
COMER:
Segovia y sus alrededores están repletos
de hornos de asar donde disfrutar de un buen cordero
o de su famoso cochinillo. No dejen de probar
el picadillo o los vinos segovianos como el Ribera
de Polendos.
ALOJARSE:
Dentro o fuera de Segovia hay también muchos
lugares donde alojarse. Entre la múltiple
oferta de casas rurales recomendamos "El
Planeta Escondido" un lugar encantador
donde la estancia será un auténtico
placer. María su propietaria os hará
sentir como en casa. Se encuentra en Losana de
Pirón, a quince minutos del centro de Segovia.
VOLAR
EN MADRID: SIERRA NOROESTE y PARQUE
REGIONAL DEL CURSO MEDIO DEL RÍO GUADARRAMA
ZONA
DE VUELO: Siempre en las nubes realiza paseos en globo
en el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama,
muy cerca de la localidad madrileña de El Escorial,
con unas fantásticas vistas de la Sierra de Guadarrama
y del skyline de Madrid. Durante el vuelo se sobrevuelan
diversos núcleos urbanos, se atraviesan zonas de
sotos, riberas y vegas de los ríos Guadarrama y
Aulencia, así como dehesas de encinas y encinares
y cultivos de secano sobre la campiña detrítica.
Desde el globo también es posible observar diferentes
especies de caza menor como perdices, conejos y liebres,
y rapaces representativas del entorno, además de
mamíferios de mayor talla como ginetas, jabalíes,
tejones, zorros...
OPINIÓN
PERSONAL: Lamentablemente la ciudad está restringida
al vuelo en globo, pero se puede despegar desde Villanueva
de la Cañada o Villanueva del Pardillo, una zona
muy bonita cerca de la Sierra Madrileña y de El
Escorial, o también desde Aranjuez.
Parece magia ver el montaje de los globos y como en poco
más de 20 minutos el globo cobra vida y se levanta
majestuoso, impaciente por volar. El despegue se hace
siempre de la forma más suave posible, lentamente,
ascendiendo despacio. Los primeros minutos de vuelo pueden
transcurrir a baja altura, rozando los árboles
en un vuelo silencioso e increíble, que permite
seguir el trazado del río Guadarrama, en las cercanías
de Villafranca del Castillo. Desde aquella altura, rozando
las copas de los chopos,es frecuente observar ánades
reales en el río, o zorros corriendo por la ladera
de una pequeña colina para desaparecer entre la
vetación tras una última mirada fugaz a
esa burbuja de colores que flota sobre él en el
cielo.
Después, para pasar Villafranca del Castillo con
suficiente altura y no molestar a los vecinos que sin
duda estarán descansando a tan temprana hora, el
globo se eleva hasta los 300 metros sobre el terreno.
En el horizonte, por donde hacía apenas unos minutos
se ha levantado el sol, se recortan las siluetas de los
edificios de Madrid, perfectamente reconocibles en el
cristalino aire matinal. Los nuevos cuatro rascacielos
que marcan el perfil de la ciudad se levantan a la izquierda
y más a la derecha se pueden ver las Torres Kio,
Torre Valencia, o el Pirulí.
El viento suele llevar al globo hacia Villanueva de la
Cañada sobre una bonita dehesa llena de encinas,
donde se pueden ver jabaliés cruzando por un claro.
La sierra de Guadarrama puede verse al fondo, más
cerca destaca la cima del monte Abantos y el puerto de
Malagón. Bajo la barquilla un campo de golf lleno
de madrugadores deportistas que saludan con la mano. Más
tarde se puede pasar sobre el Aquopolis y después
sobre la Universidad Alfonso X el Sabio.
Al llegar a Villanueva de la Cañada nos elevaremos
para cruzar sobre la población y no descenderemos
hasta haber sobrepasado todos sus edificios. Transcurrida
una hora de vuelo el piloto nos recordará la posición
para tomar tierra, cerca de las localidades de Quijorna
o Brunete. Allí mismo, donde el destino haya querido
llevarnos disfrutaremos de un brindis con cava y nos entregarán
un diploma de bautismo aéreo.
QUE
VER: Muy cerca de nuestro punto de despegue tenemos la
Sierra de Guadarrama y El Escorial. Merece la pena dedicar
unas horas a visitar el Monasterio. En la carretera que
va hacia Ávila podemos realizar un bonito paseo
hasta la Silla de Felipe II, desde donde se supone que
el monarca observaba las obras del Escorial. También
merece la pena acercarse al centro Cañada
Real en la localidad de Peralejo, en la carretera
M-533, Km. 1,600, un rincón para disfrutar de la
fauna de la Sierra.
COMER:
En el Escorial hay infinidad de lugares donde comer para
todos los gustos y de todos los precios. Muy cerca en
la localidad de Guadarrama podemos disfrutar de los bocatas
más grandes que hayan visto en el bar Romantic,
no es un sitio lujoso ni particularmente pintoresco, pero
merece la pena visitarlo por los tremendos bocadillos,
riquísimos además, que sirven. ¡Ojo!
si no tienen mucho hambre puede que no sean capaces de
cabar ni con un montadito...
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EN MADRID: ARANJUEZ
Aranjuez
es una ciudad con historia y encanto vista desde el suelo,
pero desde el aire con los ríos Jarama y Tajo,
el palacio Real, y los numerosos jardines que la adornan,
esta bella ciudad madrileña nos muestra una simétrica
belleza.
Despegamos muy cerca de la ciudad, desde el norte. El
día es perfecto, soleado y tranquilo. El despegue
es tan suave que algunos pasajeros no se dan cuenta hasta
instantes más tarde cuando ya estamos superando
las copas de algunos árboles. A nuestra derecha
se pueden ver los jardines de la Isla y a nuestra Izquierda,
mucho más grandes, los jardines del Príncipe.
La perspectiva nos permite disfrutar del paisaje como
si mirásemos un complejísimo mapa en tres
dimensiones. El lugar de despegue, rodeado por la carretera
Madrid-Aranjuez M-305 y por un meandro del río
dan paso a una primera vista del palacio Real, con el
jardín del Parterre a un lado y la Plaza de Armas
al otro. Más allá se extiende la ciudad,
con su conocido trazado cuadricular y sus muchos jardines.
Pasamos sobre el Palacio Real, donde se nos ofrecen unas
vistas inigualables tanto del propio palacio como de los
jardines que lo rodean. Un poco más a la izquierda
está por ejemplo el jardín de Isabel II,
y hacia el sur la plaza de toros y el polideportivo. El
vuelo transcurre tranquilamente hacia el suroeste, casi
paralelo a la Carretera de Toledo por lo que también
sobrevolamos el jardín de Oñate.
Cruzamos sobre la Autovía de Andalucía y
entramos en una zona de matorral y monte bajo donde podemos
ver algunas perdices y conejos. El piloto responde a nuestras
preguntas y nos vamos enterando de muchas curiosidades
sobre la aerostación y el vuelo en globo. Mientras
tanto el vehículo de apoyo nos sigue desde tierra
y podemos verle en todo momento.
Poco más de una hora después del despegue
tomamos tierra en un vallecito muy tranquilo. El aterrizaje
ha sido perfecto y tras ayudar a recoger el material,
un momento muy divertido, brindamos con cava, como manda
la tradición, y recibimos nuestro diploma de bautismo
aéreo.
Quedamos
con el piloto a las afueras de Valladolid y desde allí
fuimos a elegir el lugar de despegue para cruzar sobre
la ciudad. Para determinar la dirección del viento
lanzaron un globo de helio y durante unos minutos el piloto
estuvo mirando su trayectoria ayudado por una brújula.
Después buscamos un lugar y comenzaron a montar
el globo.
Es impresionante ver lo rápido que montan
el globo y como se levanta cuando encienden los
quemadores y calientan el aire de dentro.
El
despegue fue suave y tranquilo. El viento nos empujaba
suavemente hacia la ciudad. Las riberas del Pisuerga,
flanqueadas de chopos marcaban una línea verde
en nuestra trayectoria. El globo fue bajando y tras rozar
las copas de los árboles se introdujo entre ellos,
sobrevolando el río, muy cerca del agua. Fue un
momento lleno de magia y tranquilidad.
Después nos elevarnos sobre los árboles
una vez más y entramos a la ciudad, pasando por
encima de algunos edificios de Valladolid. Desde allí
las vistas eran maravillosas: La plaza de toros, la catedral,
la Antigua... La gente nos saludaba emocionada desde tierra.
Como
es natural el tiempo se nos pasó "volando"
y la hora de vuelo llegó a su fín. El piloto
nos informó de que comenzábamos el descenso
para aterrizar, lo que nos llevó, tras cruzar la
ciudad, a una zona arbolada y un enorme descampado donde
aterrizamos suavemente.
Ya sabía lo que venía a continuación:
El brindis con cava y el diploma de vuelo. El cava fresquito
nos sentó de maravilla y el diploma un bonito detalle
que completa un recuerdo inolvidable y hermoso.
VOLAR
EN SALAMANCA Volar
en globo en el Castillo del Buen Amor Una
experiencia de altura Si
se une un entorno espectacular, un alojamiento único
y original, una agradable cocina y las sensaciones inolvidables
de un vuelo en globo, tendremos una experiencia de altura
que no olvidaremos jamás. Y eso es lo que puede
conseguirse cuando uno se aloja en el Castillo
del Buen Amor, en Salamanca.
Amanece
cerca de la localidad de Topas, en Salamanca. Las primeras
luces del amanecer iluminan las piedras calizas del Castillo
del Buen Amor, donde hemos pasado la noche. La primera
imagen del castillo sorprende al visitante pues se encuentra
en un estado de conservación excelente. Lleva en
ese mismo lugar desde el siglo XI, soportando tormentas
como las que se desataron la noche anterior a nuestro
vuelo.
Mientras montamos el globo disfruto del entorno tan especial
desde el que despegaremos esa mañana. Las habitaciones
son todo un lujo y la cena fue exquisita, pero ya tenía
ganas de que llegase el momento del despegue. Si las condiciones
lo permitían trataríamos de despegar del
mismo parking, a 15 metros del foso donde ahora hay una
preciosa piscina. Y aunque la noche se cerró con
negros nubarrones y una tormenta cuajada de relámpagos,
la mañana se presenta tranquila, tanto que el globo
ya está llenándose de aire junto al castillo.
Acciono el quemador temeroso de despertar a los demás
huéspedes. Fernando, el responsable del castillo
sube a bordo y despegamos suavemente, para admirar bien
la magnífica construcción medieval del Castillo
del Buen Amor. El viento nos empuja suavemente hacia Topas,
pero las vistas mientras nos elevamos son espectaculares.
Sobrevolamos un valle en el que se ha embalsado la niebla
y que ahora parece atrapar las nubes bajo nuestra barquilla.
El vuelo transcurre silencioso, tranquilo, sobre paisajes
que invitan al recogimiento. Una hora después y
tras un aterrizaje algo movido brindamos con cava, como
se hace siempre que se vuela en globo, en cualquier lugar
del mundo. Fernando recibe con ilusión su diploma
de bautismo aéreo y regresamos al castillo. Todavía
tenemos todo el día por delante.
La noche en el castillo ha sido mágica, como el
vuelo en globo. Hemos pasado dos días inolvidables
y decido que tengo que contarlo para que otros puedan
disfrutar de esas sensaciones: Un alojamiento cómodo
y original, un entorno único, una agradable cocina,
un trato excepcional y además la posibilidad de
volar en globo... que más se puede pedir.
También
existe la opción de volar en otros lugares
de la provincia e incluso sobre Salamanca.
PASEO
EN GLOBO EN EL CASTILLO DEL BUEN AMOR (SALAMANCA): info@siempreenlasnubes.com
/ Telf.
607 11 58 46
El viento dominante aquel día fue el responsable
de que eligiésemos las orillas del Guadiana para
nuestro despegue de aquella mañana, y fue una suerte
porque el río estaba precioso a aquella hora cercana
al amanecer. Algunos patos nadaban en el agua y una garza
solitaria nos observaba mientras el globo se iba llenando
de aire. El primer fogonazo del quemador la hizo levantar
el vuelo y me arrepentí de no tener preparada la
cámara todavía, pues la imagen fue preciosa
con el globo de colores elevándose en el aire cristalino
y la garza detrás, agitando sus alas sobre el agua.
Éramos 10 amigos en el globo, la mayoría
de ellos no había volado nunca, algunos ni habían
imaginado que volar en globo fuese tan fácil de
organizar. Tampoco esperaban que dejásemos el suelo
tan lentamente y con aquella suavidad. Alguno más
miedoso se asombró de lo tranquilo y relajante
de la experiencia. Los primeros momentos del vuelo fuimos
muy cerca del agua, para elevarnos poco a poco a medida
que alcanzábamos la otra orilla donde nos esperaba
la ciudad. Las primeras vistas para almacenar en el recuerdo
fueron del río y del Puente Lusitania obra de Santiago
Calatrava. Pero aunque resultaba fascinante las primeras
edificaciones reclamaban nuestra atención.
Algunos vecinos nos saludaban desde los balcones y los
coches hacían sonar sus cláxon para darnos
los buenos días. Pero si en el suelo todo eran
sonrisas y buenas caras, en la barquilla del globo las
expresiones eran difíciles de describir. En las
caras de mis amigos había sorpresa, alegría,
curiosidad... Pero sobre todo ilusión. Fue un acierto
aquella idea de celebrar la despedida de soltero con un
vuelo en globo.
De repente alguien señaló abajo y nos dimos
cuenta de que estábamos sobrevolando el anfiteatro
romano que habíamos visitado desde tierra el día
anterior. Nos fuimos acercando hasta pasar por su vertical.
Un rápido vistazo nos ayudó a reconocer
también el circo romano, que quedó a un
lado. Desde arriba todas las distancias parecen cortas
y la ciudad se mostraba ante nuestros ojos casi como si
mirásemos un complejo callejero en tres dimensiones...
Allí podíamos ver donde aparcamos el coche,
y allí fue donde compramos un helado...
La ciudad quedaba atrás cuando comenzamos a descender
y a realizar un vuelo rasante sobre el suelo. Tras el
aviso del piloto para que nos colocásemos en la
posición de aterrizaje tomamos tierra a las afueras
de Mérida.
Mientras brindábamos con el cava bien frío
que acompaña todos los aterrizajes en globo y antes
de que nos diesen el diploma de vuelo, nos hicimos varias
fotos con el piloto y nuestro equipo de tierra para tener
un recuerdo gráfico de aquel día inolvidable.
QUE
VER: Una vez que acaba el paseo en globo tenemos todo
el día por delante y en Mérida hay mucho
que ver. Los orígenes de la ciudad se remontan
al año 25 antes de Cristo, cuando el Emperador
Octavio Augusto decidió fundarla para acoger en
ella a los soldados licenciados de las legiones V y X.
Así nació Emérita Augusta, que todavía
hoy conserva su teatro romanoque en verano acoge
el Festival de Teatro Clásico, el Circo o
Hipódromouno de los pocos que se conservan
en el mundo con su planta completa, calzadas, acueductos,
puentes, termas... Ente los hallazgos más recientes
la casa de Mitreo, una mansión romana con un famoso
mosaico. En Mérida además hay vestigios
de otras culturas como la alcazaba árabe construida
por Abderramán III en el año 835 que fue
la primera de la Península.
El Museo Nacional de Arte Romano, donde podemos disfrutar
de sus fondos que proceden de la ciudad y de su entorno,
y el propio museo, obra de Rafael Moneo, es una buena
muestra de la arquitectura contemporánea. Cerca
de la ciudad también merece la pena visitar la
población de Lácara, donde abundan los vestigios
prehistóricos, entre ellos el Dolmen del Prado,
el monumento megalítico más grande de España.
DÓNDE
ALOJARSE: Una visita a Mérida en la que además
se va a volar en globo merece un hotel que ésté
a "la altura" de la experiencia. El Hotel
Adealba, una casa señorial del S. XIX convertido
en el 1† Hotel Domótico de España, nos ofrece
comodidad, una atención excepcional y un Spa, todo
ello en el mismo centro de Mérida, a tan solo 50
metros del Templo de Diana.