La ciencia y los globos aerostáticos

Cuando volar era un experimento
Las primeras aeronaves de la historia, el primer artilugio hecho por el hombre que consiguió volar, fue un globo de aire caliente. Mucho antes de que los globos aerostáticos se asociaran al turismo, a la aventura o a los paisajes al amanecer, volar era, ante todo, una pregunta científica. Nadie sabía qué ocurría allí arriba. ¿Se podía respirar? ¿El cuerpo humano resistiría? ¿Cambiaría la presión, la temperatura, qué le pasaría a la sangre? La única forma de averiguarlo era… volando.
Así, los primeros vuelos en globo del siglo XVIII no fueron paseos románticos, sino auténticos laboratorios volantes.
Los primeros vuelos
En 1783, en la Francia ilustrada, dos hermanos papeleros, los Hermanos Montgolfier, dieron, gracias a su curiosidad, con la forma de hacer realidad uno de los sueños más antiguos de la humanidad: volar.
Primero empezaron con modelos a escala y luego enormes envolturas de seda y papel, abiertas por abajo, que se elevaban al llenarse de humo caliente. Finalmente hicieron una demostración pública de su invento. Ese primer despegue fue todo un espectáculo pero también un experimento científico para observar, anotar y aprender.
Antes que los humanos, los animales
El primer experimento fue un éxito, el globo se elevó y cruzó París. La siguiente gran incógnita no era técnica, sino biológica: ¿puede un ser vivo sobrevivir en altura? Así que igual que hicieron los perros y los monos en la era espacial, los animales ayudaron a estos pioneros a conocer algo más de ese nuevo medio que se abría a la exploración y prometía aventuras y avances de todo tipo.
En septiembre de 1783, en Versalles, despega un globo con tres pasajeros muy especiales: una gallina, un pato y una cabra. La elección no fue casual. Se buscaban diferencias fisiológicas: un mamífero, un ave que vuela alto y otra que no. El objetivo era observar los efectos de la altitud en organismos distintos. El resultado fue histórico: los animales aterrizaron sanos y salvos. El siguiente paso estaba claro y el primer vuelo del ser humano muy próximo. Saber más sobre los primeros pasos de la aerostación.
El ser humano entra en la ecuación
Pocos meses después, el 21 de noviembre de 1783, Pilâtre de Rozier y el marqués d’Arlandes se convierten en los primeros humanos en volar libremente. No llevaban instrumentos sofisticados, pero sí algo igual de valioso, su capacidad de observación.
Cada sensación era información. Cada minuto en el aire, un dato nuevo para la ciencia.
Los globos como laboratorios flotantes

Tras aquellos primeros éxitos, los globos comenzaron a usarse con un propósito claro: investigar la atmósfera. Durante finales del siglo XVIII y el XIX se realizaron experimentos para medir la presión atmosférica, estudiar los cambios de la temperatura con la altitud, analizar la composición del aire, observar fenómenos meteorológicos desde arriba o comprobar cómo reaccionaba el cuerpo humano a alturas cada vez mayores. Los aeronautas eran, a la vez, pilotos, científicos y sujetos experimentales.
Riesgo, curiosidad y conocimiento
Muchos de aquellos primeros vuelos fueron peligrosos. Algunos terminaron mal. Pero todos compartían una misma motivación: entender el mundo desde un punto de vista nuevo. Volar seguía siendo, como hoy en día, un espectáculo, pero también una herramienta para ampliar los límites del conocimiento humano. Cada ascenso respondía a una pregunta. Cada aterrizaje traía respuestas… y nuevas dudas.
El legado invisible de aquellos vuelos
Hoy, cuando un globo se eleva suavemente al amanecer, es fácil olvidar que ese gesto nació en nombre de la ciencia. Los vuelos turísticos actuales existen porque, hace más de dos siglos, alguien se atrevió a preguntarse qué había ahí arriba y decidió comprobarlo en primera persona. La curiosidad que caracteriza a nuestra especie hizo el resto. Los primeros globos no buscaban las vistas inolvidables de las que ahora disfrutamos sin riesgo y cómodamente, buscaban la verdad. Así, esos pioneros, inauguraron el primer capítulo de la exploración aérea de la humanidad.
La ciencia y los globos aerostáticos: Nuestros experimentos

Si bien en Siempre en las nubes empezamos con los globos como aventura y después como profesión, la curiosidad sigue siendo una de nuestras principales motivaciones. No sólo por saber que se sentirá, o que se podrá ver en cada zona de vuelo… también nos gusta responder a nuestras propias preguntas y dudas.
Una de las primeras preguntas surgió casi de forma inmediata a nuestros primeros vuelos. Los globos son aeronaves más ligeras que el aire, entonces cuando estamos volando ¿el globo pesa menos que una pompa de jabón? Era muy fácil comprobarlo y verlo con nuestros propios ojos y eso hicimos, involucrando a nuestros pasajeros en el experimento.
La siguiente llegó del propio nombre de nuestros globos: globos de aire caliente. ¿cómo se verán con una cámara térmica? Así que alquilamos el equipo y en nuestro siguiente vuelo pudimos obtener imágenes espectaculares que demostraban perfectamente de donde les viene ese nombre y nos enseñaban cómo se distribuye el calor al accionar los quemadores.

Con la incongruente llegada de los terraplanistas al siglo XXI quisimos lanzar nuestro propio globo meteorológico. Queríamos responder a sus dudas, pero también asomarnos a nuestro propio mundo desde unas alturas que incluso para nosotros, acostumbrados a volar, nos estaban vedadas. Todo un éxito que probablemente repitamos en el futuro.
Globos en otros planetas
La ciencia y los globos aerostáticos siguen de la mano. Sorprendentemente la primera aeronave de la historia también se ha incluido en los programas espaciales. En 1984 una misión franco-soviética llevó a dos globos a la atmósfera de nuestro planeta vecino Venus. Y tras los descubrimientos de la sonda espacial Cassini sobre Titán, la luna de Saturno, los científicos se están planteando explorar este cuerpo celeste con la colaboración de globos.

Como ves la ciencia y los globos aerostáticos siguen de la mano, las preguntas no acaban. Así que si tienes una idea no dudes en proponérnosla, tal vez aclaremos tus dudas, las nuestras y la de muchos otros que sin ser científicos tienen la misma curiosidad que en 1783 llevó a los hermanos Montgolfier a romper las cadenas que nos ataban al suelo y abrir una nueva era de viajes, aventuras y exploración.
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